
La Entrega de las llaves a San Pedro (1834, carbón sobre papel), Giuseppe Diotti | © Museo Diotti.
¡Qué días más intensos hemos vivido! Hemos pasado de la tristeza por la muerte de Francisco a la alegría por la llegada de León XIV. Los creyentes vivimos estos acontecimientos con la certeza que el Señor ha prometido estar en medio de nosotros, «el pueblo de Dios» que camina en la historia.
Estas «piedras» no son arbitrarias
La Iglesia tiene la misión de ser «columna y fundamento de la verdad», ya que custodia el depósito de la fe, con la certeza de ser asistida y guiada por el Espíritu Santo. Cristo la edifica sobre la misión de Pedro y sus sucesores: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18).
La Iglesia es casa del Dios vivo y Pedro es la roca sobre la que está edificada. Ya en otro pasaje, Cristo habla del hombre «prudente que edifica su casa sobre roca». El Señor es el hombre prudente que edifica su casa sobre «piedras vivas», siendo la primera Pedro. Estas «piedras» no son arbitrarias, sino un signo de la Providencia en el tiempo. Desde sus orígenes, la Iglesia es una comunidad «constante en la enseñanza de los apóstoles». Por la fe, sabemos que Cristo instituye en estos hombres la autoridad de enseñar en su nombre y la auténtica tradición garantiza que el Espíritu Santo no abandona nunca a la Iglesia.
Adhesión no sólo formal, sino desde el corazón
Solo Dios Trino es garantía de unidad, que se concreta en la comunión con Pedro pues a él y a sus sucesores el Señor confiere el oficio de confirmar a los hermanos en la fe. Por esto, los cristianos debemos adherirnos a sus enseñanzas con «religioso asentimiento».
El Concilio Vaticano II pedía que esta adhesión no sea sólo formal sino desde el corazón: «Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice».
Ya desde el siglo III San Cipriano escribía a propósito de la autoridad petrina: «Se da a Pedro el primado para mostrar que es una la Iglesia de Cristo y una la cátedra […]. Dios es uno, uno es el Señor, una es la Iglesia y una es la cátedra fundada por Cristo».
Sentir con la Iglesia
Es necesario que sintamos con la Iglesia jerárquica, afirma san Ignacio de Loyola. El amor al papa es en alguna medida también señal cierta de nuestro amor a Jesús, pues es su vicario y es asistido en su misión de pastor de toda la Iglesia por el Espíritu Santo. Despedimos emocionados a Francisco y le agradecemos a Dios el gran don que ha sido para su Iglesia y para el mundo. Al mismo tiempo, recibimos con amor y afecto filial al nuevo sucesor de Pedro, al hombre que apareció en el balcón de San Pedro: un religioso agustino, nacido en Norteamérica, pero latinoamericano en la misión.
Nuestra fidelidad a León XIV nos debe llevar a orar por su persona y por sus intenciones, a dejarnos corregir y educar por él, para que seamos más fieles a Jesús y fieles a su Iglesia y podamos decir, con san Pablo VI: «en ti, Iglesia Santa, vivo la fe del Señor, fe que ilumina mi senda, fe de gracia y salvación. En ti, Iglesia Santa, tengo puesto el corazón, en ti vivo y en ti muero: ¡tú me llevas a mi Dios!».

