«No dejaremos de cooperar a su gracia…» (Carta 5945)
La palabra «cooperar» en este contexto es muy hermosa. Cooperar significa co-laborar, es decir, trabajar con. Se podría decir metafóricamente que llegamos a ser colegas de trabajo con la gracia, con la obra de Dios, con Dios mismo, que trabaja asiduamente en el mundo para nosotros. ¿Cómo? Buscando los medios que, «según el curso de su providencia», debemos buscar. Él mismo es quien nos conduce, como Dios providente, y nos hace comprender los medios precisos y concretos a buscar para colaborar con esa gracia. Dios no lo hace todo. Espera co-operación, co-laboración. Y porque somos libres, podemos unir nuestra obra a la suya. Dicho de otro modo, Dios hace casi todo y nosotros casi nada. Pero Dios no hace su casi todo sin nuestro casi nada. Aunque también sabemos que nuestro casi nada es gracia. Es su amor el que nos conduce siempre.

