
Señor líbrame y tómame para ti.
Señor, líbrame y tómame para ti, tú me has mostrado las cadenas que me detienen en el camino, y si aún están allí impidiendo, es ciertamente porque yo en lo más profundo aún no estoy dispuesto a separarme de ellas. Como frecuentemente suspiro y me lamento de tener tan poca libertad pienso al hacerlo simplemente en las condiciones que la vida cotidiana y el trabajo traen consigo. Pero estas condiciones no son realmente las que impiden el camino, no influyen su auténtico curso, sino al máximo sólo su forma exterior; quizá son sobre todo sólo pequeñas pruebas. Lo que realmente pesa no viene de afuera; vive y toma forma en mí mismo, es todo aquello a lo que me aferro, a lo que no voy a renunciar, lo que me sirve de apoyo y comodidad, aquello de lo que creo tener un derecho.
Toma Señor —trato de suplicártelo seriamente— todo lo que a mis ojos pertenece a mi legítima propiedad anímica, pero que paraliza mi amor a ti, lo que en mí hace detener y endurecer tu amor a mi prójimo. Hazme desaparecer en el torrente de tu amor a los hombres, de modo que éste pueda derramarse sin obstáculos.

