El pasado abril la Fundación Maior organizó una jornada de formación en afectividad dirigida a jóvenes universitarios y adultos profesionales.
Esta iniciativa surgió hace dos décadas y, casi sin interrupción, cada año ha contado con una edición que ha ido evolucionando hasta llegar a su formato actual: charlas con espacios para preguntar y compartir, acompañados por expertos en ámbitos como la Psicología y Educación que ayudan a profundizar, con una mirada cristiana, en la realidad del hombre cuyo destino se juega en el corazón.

El destino del hombre se juega en lo que ama y a quién ama
Dios nos ama por quiénes somos
La jornada siempre inicia hablando de «la huella originaria» impresa en el corazón del hombre desde el momento de su concepción. Es decir, el primer momento de amor gratuito que nos llama a la existencia, nos empuja hacia el bien, la verdad y la belleza, interpelándonos en cada momento de nuestra vida.
La respuesta que Dios espera de nosotros es lo que san Ignacio de Loyola llama Principio y fundamento: «alabar, hacer reverencia y servir a Nuestro Señor». Es por ello que al hablar del corazón debemos partir de lo que Dios nos ofrece, no desde normas o leyes externas que pueden convertir la vida en una tarea titánica.
Desde esta respuesta amorosa, la vida del hombre se vuelve una aventura capaz de acoger el amor con el que es amado y descubrir que la tarea de encontrar la unidad del corazón se da únicamente en la fecundidad de corresponder al amor de Dios, que ordena los afectos en nuestra vida convirtiéndose en la raíz de cada relación interpersonal.
Dios nos ama por quiénes somos, no por lo que hacemos ni por nuestros méritos. A la luz del amor de Dios y de sabernos valiosos a su mirada, la realidad se vuelve algo bueno y positivo. Ese mismo amor es el que estamos llamados a vivir con los demás.
La lógica del amor
El destino del hombre se juega en lo que ama y a quien ama. Pero vivir la experiencia de nuestra fragilidad, si nuestros afectos no están ordenados, puede ser un gran peso. Por ello se vuelve una urgencia aprender a discernir lo que pasa por nuestro corazón para que podamos tener relaciones sanas y fecundas.
El hombre es un ser relacional que se construye en reciprocidad con un “tú”. Es decir, el “otro” es necesario. El paradigma de esta relación es la de varón-mujer, que juntos pueden dar vida más allá de sí mismos. desde esta perspectiva, surge una respuesta espontánea de asombro y gratitud no solo ante la diferencia sino también ante la entrega que ese otro nos da y nos pide.
La vocación, el estado de vida y la propia misión son respuesta a esta entrega. Para el cristiano que vive en el ámbito del amor, éste exige concreción en la propia existencia. El que se sabe amado, quiere corresponder con la vida y el servicio a los hermanos. Es en este amor donde se colocan las verdaderas seguridades de la vida.
Educarnos en cuidar el corazón es un arte que requiere toda nuestra humanidad. Es una aventura que implica asumir riesgos, ponerse en juego (con la posibilidad de equivocarnos) y que nos lanza a descubrir la novedad de relacionarnos con Dios y con los otros.

La siguiente jornada de afectividad se celebrará el 22 de noviembre de 2025. En la web de la Fundación Maior podrás encontrar más información.

