«…encomendándoles que a todos quieran ayudar» (Ejercicios Espirituales n. 146)

En la contemplación de las dos banderas el «sumo capitán» invita a todos sus «siervos y amigos» que «a todos quieran ayudar» en su camino de fe. El «todos» adquiere una fuerte resonancia en el corazón del que  hace los ejercicios y lo abre a la universalidad del amor de Cristo, a abrazar en él a todos sus hermanos, sin exclusión. Todos nos necesitamos, todos nos ayudamos, unos a otros. Cada uno en su propio camino,  pero siempre bajo su bandera. El discípulo de tan buen Señor abre, pues, su espíritu para dar cabida a todos, especialmente a los más necesitados. No se trata de guiar o mandar, sino de «ayudar». Puede ser con  un simple gesto de afabilidad, como una sonrisa, un saludo; con palabras de ánimo; con atenta escucha; ayudando a discernir el camino, etc. Para Cristo todos son importantes y así será para todo el que lo quiere  seguir.

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