Algunos Padres, en la casa donde vivirán los religiosos mayores y enfermos

Algunos Padres, en la casa donde vivirán los religiosos mayores y enfermos

 

El P. Jesús “Chuy” Ramírez, S. de J., fue nombrado por el Superior General, P. Carlos Balderas, S. de J., responsable de la atención a los religiosos mayores de los Siervos de Jesús.

Con casi 25 años de ministerio sacerdotal, el P. Ramírez acoge esta nueva misión con humildad y entrega. Acostumbrado a la intensidad del trabajo parroquial en el barrio de La Elipa en Madrid, al dinamismo  cotidiano del anuncio y los sacramentos, esta nueva tarea se presenta como una invitación a adentrarse en una pastoral más silenciosa, más interior, más cercana al misterio de la cruz y de la esperanza. «No me lo  esperaba. Estoy en la víspera de cumplir veinticinco años de ordenado y nunca imaginé este giro tan radical: de norte a sur, de la vida parroquial a una pastoral completamente distinta. El P. Carlos me invitó a  discernirlo en la oración. Lo hice. Y poco a poco, esa inquietud se transformó en paz. Esa sorpresa, en alegría. Y esa misión, en una promesa de gracia».

El lugar destinado a los hermanos mayores debe ser más que una residencia: «Debe ser una casa con alma», explica. Un espacio donde la capilla sea el corazón del hogar, con jardines, salas de encuentro, ojalá el  murmullo de una fuente y una gruta dedicada a la Virgen. «No basta con tener camas y medicinas. Es necesario crear un ambiente donde se respire paz, donde los gestos hablen de amor». 

A los Siervos de Jesús enfermos o mayores les pide «que no se suelten de la mano de Dios. Que vivan cada día como una oportunidad de amar desde la cruz. Sin oración, esto se convierte en un sinsentido. Cuidar  a los mayores es una obra delicada, como cuidar a los padres en la familia. Es un servicio de amor».

Así, el P. Jesús inicia este nuevo capítulo de su ministerio con la certeza de que servir a los más frágiles es también abrazar el corazón mismo del Evangelio. Su testimonio nos recuerda que en el ocaso de la vida hay una misión luminosa, hecha de fe, ternura y amor.

 

Escuela viva de fe

 

Vivimos en una sociedad que idolatra la juventud, la salud, la belleza, y desprecia a los mayores: la «cultura del descarte» que decía el papa Francisco. «Pero nuestros sacerdotes ancianos son una bendición. Han  entregado su vida por la vocación y la misión que Dios les ha pedido. Su silencio, su paciencia, su cruz, nos evangelizan. Nos enseñan sin hablar. Son una escuela viva de fe y de amor».

Para esta nueva misión, el P. Jesús ha buscado una casa ubicada en un lugar con buen clima, con hospitales cercanos, farmacias y laboratorios. El hogar que ha encontrado tiene baños adaptados, espacios amplios, accesos para ambulancia, jardín, pero será necesario adecuarla a las necesidades concretas de los religiosos mayores y enfermos. Por eso los Siervos de Jesús han iniciado la creación de un fondo que cubra desde el sostenimiento de la casa hasta los seguros médicos y funerarios.

En este contexto, el papel de los amigos y bienhechores es fundamental. Ellos apoyan «con su cariño, que vale mucho. Con su oración, que nos ayuda tanto. Y con su generosidad: necesitamos apoyo económico, sí, pero también espiritual. A veces el cansancio, la tristeza o el dolor nos pueden vencer. La gracia de Cristo es lo único que nos sostiene».

Cuidar a los religiosos mayores es más que una responsabilidad: es un arte. El arte de escuchar sin interrumpir. De servir sin esperar reconocimiento. De consolar sin palabras. «A veces no podemos curar, pero siempre podemos cuidar. A veces no hay palabras, pero hay presencia. A veces no hay soluciones, pero sí acompañamiento. Y eso es lo que cuenta», reflexiona.

Pedimos a Dios por esta nueva misión del P. Chuy para «que el amor de Dios lo impregne todo», le sostenga y aliente en el cuidado y acompañamiento de los religiosos mayores y enfermos.

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